2
Contigo o sin ti, creo que soy feliz. Puede que muchas veces dude de ese hecho, pero si me soy sincero, he de reconocer que lo soy.
Ayer te vi. No te reconocí en un principio, me di cuenta más tarde de que eras tú. Vas morena y antes, eras rubia. Te queda bien, muy bien, ese color. No hubiera significado nada el verte sino fuera porque la noche de antes estuvimos hablando de ti. Yo demasiado.
Otro día habría pasado por delante de la cafetería y no me hubiera fijado en la gente de dentro. No suelo pasar por esa calle, así que no esperaba encontrar nadie conocido sentado a una mesa. No mirabas. Estabas distraída, con la mirada perdida. Quizá por eso me llamaste la atención. No parecías participar en la conversación. Había a tu lado otras dos mujeres, algo mayores que tú, que hablaban animadamente. Pero tú no. Tus ojos miraban al frente y tu mente parecía estar en otra parte.
Podría haber parado, dar marcha atrás al reconocerte, pero no lo hice. ¿Qué iba a decirte? ¿Qué guapa estás, cuanto tiempo sin verte, como está tu marido, qué tal los niños? Paso. Luego tú me habrías preguntado si estoy con alguien, si he sentado la cabeza por fin… y eso me hubiera dolido. Mejor dejar pasar la oportunidad de hablar contigo. Aunque luego me he arrepentido.
Me gustaba hablar contigo, sobre todo de música. Siempre dispuesta a llevarme la contraria a pesar de que eso me tocara la moral. Aunque no me molestaba que tú me la llevaras, otras veces convenías conmigo en que el grupo estaba bien. Disfrutabas de lo lindo en los conciertos, por eso te llamaba. Siempre pensaba en ti. Me decía: “este grupo le gustará a ella, querrá venir, la llamo.” Y venías. Si no había nadie más para ir te daba igual, te venías conmigo y con Mireia.
Ahora, cuando lo pienso… era muy cabrón. Nunca me paré a pensar que pudiera causarte malestar venir con nosotros. Los tres solos. Y muy imbécil. Tardé demasiado en darme cuenta que estabas hecha para mí. Cuando salíamos, donde fuera: a cenar, de copas, al cine… yo me sentaba a tu lado. Así hablábamos o comentábamos lo que fuera. Creo que a Mireia no le sentaba muy bien. No me daba cuenta. Si me la daba, hacía ver que no. Luego la dejé. Demasiado tarde. Tarde para todos. Tarde para ella, para ti, para mí. Para los tres.
Y lo peor de todo es que durante mucho tiempo estuviste sola. Pero a ti no parecía importarte, siempre estabas contenta. Sonreías. Podría haber… no sé. Si no lo hice será por algo. Sí. Por algo será.
Estás guapa, el pelo negro y tan largo, te sienta bien. Eso ya lo he pensado antes, ¿verdad? No sé, creo que de todas las chicas del grupo, tú eres la que mejor ha madurado. Eres un buen vino. Muy bueno. Alegre, jovial, nada seco, pero tampoco empalagoso. No dejas resaca. Solo buen sabor de boca. Lástima que me diera cuenta tarde.
¿Por qué sería?
Si tuviera tu teléfono, te llamaría. ¿Me atrevería? Sí, por qué no. Si se pone él, le digo que soy yo, que qué tal va todo, que me acordé de… que me acordaba de vosotros dos y… No te llamaría. A quien quiero engañar, si no te dije nada ayer, como voy a llamarte.
¿Por qué? ¿Por qué nos damos cuenta tarde de lo que realmente importa, de lo que realmente queremos?
No me ha ido tan mal. Sigo de arquitecto, tengo trabajo. No estoy con nadie. Pero es porque no quiero. No busco nada del otro mundo. De hecho, no busco. Nada en absoluto. Me refiero a que les pongo trabas, se lo hago difícil; que resulte complicado quererme es sinónimo de autenticidad. Si logras soportarme, es que realmente mereces la pena, si no, no. Yo sigo siendo el mismo. Un tipo solitario y de gustos raros. No necesito a nadie.
Me da por pensar de vez en cuando lo que sería ahora si…
Si no hubiera esperado a verte con otro para darme cuenta.
Si te hubiera dicho antes que te quería…
¿Por qué no te lo diría?
¿Por qué tardé tanto en darme cuenta?
¿Por qué?
¿Soy feliz?
Contigo hubiera sido feliz.
Sin ti…