Ha sido un despertar difícil. María preparándose para pasar el día fuera con sus amigos, Lola muda, como ausente. Era como si el mundo conspirara contra mí. Enterarme, o darme cuenta al fin, de que tengo una hija en estos momentos no me va a ayudar a aclarar mis ideas. Todo parece complicarse o yo lo complico.
Sí, es eso, lo complico demasiado. Al final me fui sin despedirme de María y Lola estaba ocupada asegurándose de esta que volvería pronto, así que apenas rocé su mejilla con un beso y salí de allí. Caminé sin ganas hasta el edificio y sentí que me llamaban, oí mi nombre y sin querer miré. Sí, sin querer, porque no quería volver a verla, no tan pronto, sin haber ordenado todo en mi cabeza. Aún así, me alegré, me había llamado al verme pasar por la otra cera y podría no haberlo hecho, tal vez no estuviera demasiado enfadada conmigo, le sonreí. Cuando llegué al lado de su mesa cerró el periódico, estaba leyendo una noticia que… mejor que no la viera.
- Madrugas
- Tu también... o no duermes?
Consiguió arrancarme una carcajada, era tan bonita de mañana...
- ¿A ti qué te parece?
- La segunda...
- No leas eso, solo dice mentiras.
- Dentro de las mentiras se encuentra la verdad... oculta, pero la verdad.
- Creo que necesito un sueño...¡no logro entenderte cuando hablas!
Estaba agotado, necesitaba dormir de verdad y eso fue lo que hice. La dejé allí sola, como la noche anterior dentro del taxi, pero a diferencia de ayer, en cuanto la vi supe que ya no quería que se alejara de mí.
I fell into the ocean When you became my wife I risked it all against the sea To have a better life Marie you are the wild blue sky Men do foolish things You turn kings into beggars And beggars into kings
Pretend that you owe me nothing And all the world is green We can bring back the old days again When all the world is green
The face forgives the mirror The worm forgives the plow The questions begs the answer Can you forgive me somehow? Maybe when our story's over We'll go where it's always spring The band is playing our song again And all the world is green
Pretend that you owe me nothing And all the world is green Can we bring back the old days again? And all the world is green
The moon is yellow silver On the things that summer brings It's a love you'd kill for And all the world is green He's balancing a diamond On a blade of grass The dew will settle on our graves When all the world is green
Pretend that you owe me nothing And all the world is green We can bring back the old days again When all the world is green
He's balancing a diamond On a blade of grass The dew will settle on our graves When all the world is green
“Alexander se durmió pensando en Holly, pero no soñó con ella…
Su pasado volvió al presente mezclándose con el futuro. Se vio a si mismo de joven, conociendo a una chica, más joven aún que él. Lola. Cantaba tan bien… Luego una niña entre sus brazos lloraba y al oír su voz, callaba y se dormía, pero luego se convertía en un saxofón que se teñía de rojo. La noche se cernía sobre él repentinamente y Lola se despedía en un aeropuerto, él decía adiós desde su ventanilla y a su lado viajaba Laura que lloraba en silencio lágrimas rojas. Él intentaba secárselas pero no encontraba un pañuelo con que hacerlo. Pronto Laura fue de color sangre y flotaba en la bañera, él salía disparado por una ventana convertido en papel, para despertar… en el sueño, en una cama, de día y con Lola a su lado, desnuda.
Luego despertó de verdad, sobresaltado. Aún se encontraba en el comedor de Lola, apoyado en su regazo. Ella dormía, la cabeza echada hacia atrás, sobre el respaldo y su mano enredada aún en su pelo. Él la miró y recordó cuando la conoció en Lión, hace ya más de doce años… no, exactamente dieciséis. Él le dijo: “Ven conmigo, tengo un concierto para ti, si lo quieres.” Y ella lo quiso. Y siguieron otros. Luego Alexander recordó como conoció a Laura en la playa de La Concha, “viaje de estudios”, le dijo ella cuando él le preguntó que hacía ella en medio de aquella gente absurda. Y Lola se esfumó de su vida, para ocuparla por completo Laura. Luego, más tarde, al año y medio o así, la volvió a encontrar. Ella ya tenía a María y a un marido, pero este le duró poco. Una mañana desapareció dejándolas solas. Lola nunca lo echó de menos. Volvieron a coincidir muchas veces y él volvía a darle muchos conciertos. Ella se llevaba a su hija, a él le gustaba María, era una niña extraña que apenas lloraba.
Y fue, recordando todo eso, cuando entendió porqué la niña tenía los ojos azules a veces, verdes y grises, otras y no los tenía negros como su madre. Porqué a Lola nunca le importó que el hombre con el que estaba casada se fuera. Porqué viajaba siempre con la niña y… coincidía con él. Lo que no supo es, porqué nunca se lo dijo. Alexander notó que ella se movía y se hizo el dormido.
Ella despertó y cuando vio que él aún dormía, le acarició por última vez su pelo. Sabía que otra vez sería de otra, pero eso ya no le importaba, no como antes. Ahora su corazón sentía por otra persona. Le costó tiempo enseñarlo a no amar a Alexander, pero al fin lo había conseguido. Se levantó con cuidado para no despertarlo. Estaba amaneciendo. Entró en la habitación donde dormía María y Conrad. Se acercó a su hija y la besó en el pelo. Lo tenía negro, como el suyo. Por lo menos en eso, sí se le perecía, en lo demás, incluso en el carácter y manías, era idéntica a su padre. Salió. Se hizo otro café y de pie, en la cocina, pensó que era afortunada de tenerlos a los dos tan cerca.
En el sofá, Alexander, sin embargo, sentía lo contrario por tenerlas tan lejos durante tanto tiempo. Y rogaba que Lola no volviera aún, para que le diera tiempo a recuperarse. Luego, cuando ella entró en el comedor con dos tazas de café,fingió despertar y no dijo nada. No le dijo que lo sabía, porque ella lo había querido así y así sería. Aunque no lo entendiera, aunque le doliera… el silencio.”
Ahora... ¿qué? Estaba solo y me encontraba solo. Caminé sin saber a donde. Caminé durante horas. Paraba y me preguntaba cuanto tiempo me llevaría olvidarla, para un rato más tarde, seguir caminando y engañarme pensando que aún no estaba del todo perdido. Que tal vez, solo tal vez, podía intentarlo. No recuerdo donde me encontraba ni en que fase de mi pequeña locura de sentimientos me hallaba, cuando una vespa pasó volando por mi lado. Era Lola. De donde venía a esas horas y que hacía por allí, nunca lo sabré. Pero que me vino bien encontrármela o que ella me encontrara, de eso, no me cabe la menor duda. Paró unos metros delante.
“Te estaba buscando, ¿se puede saber que demonios te pasa? Donde te has perdido esta vez?”
“Lola... En un mar que no puedo navegar.”
“Anda sube, marinero.”
“No, prefiero seguir caminando...”
“Sí, claro, sé que tú prefieres hundirte, pero a mi eso me da lo mismo, ya lo sabes. Sube.”
Y subí. Fuimos a su casa. La casa de Lola era como un asilo, resulta que no era el único “acogido” esa noche. Cuando llegamos, en su cama dormía una vecina a la que su marido le daba palizas, con un ojo morado y un brazo roto. Allí soñaba con un mañana en una comisaría y una denuncia que Lola la ayudaría a hacer. En las otras dos habitaciones, su hija y una amiga que pasaban allí la noche... con sus respectivos acompañantes.
“Lola, deberías poner unas normas, creo que son muy... jóvenes, no?.”
“No sirvo para eso. A demás, lo que no hagan aquí, lo harán en otra parte. Así que lo prefiero en casa, no te parece? Lo malo es que solo nos queda el sofá, y no es muy cómodo.”
“No tengo sueño.”
“Te preparo algo? A que no has cenado?”
“Tampoco tengo hambre.”
“Esta bien, tú solo tienes dolor de corazón, verdad?... Bueno, ya puedes estar contento, por lo menos ahora sabes que lo tienes.”
Estábamos en la cocina, Lola se preparaba un café y apareció María, la hija de Lola. Dios, solo tenía quince años y ya con chicos. Como pasa el tiempo. La recordaba cuando era una mocosa y Lola se la llevaba a los conciertos por que no tenía con quien dejarla. Supongo que una vida así no es fácil, pero a pesar de todo, siempre la había visto una niña responsable, a veces, incluso más que su madre.
“Hola Alexander.” – Es de las pocas personas que no me llama Ale. Se acercó y me dio un beso en la mejilla, y yo a ella otro. – “Mamá, mañana pasaremos el día con Natalia en el campo, en casa de sus padres, te parece bien?” – Iba en camiseta y cogió agua de la nevera.
“Bueno, ¿Quién es él?”
“Mamá! Ya sabes quien es.”
“No, no lo sé. ¿Quien es?”
“Conrad.”
“¿El inglés?”
“Mamá... “
“Vale, vale, pero ten cuidado, no te enamores demasiado.”
“Uf! Buenas noches Alexander, y que no te pase nada con mi madre hoy, por lo visto no tiene la noche.”
Me tiró un beso desde la puerta y desapareció. Pensé que el consejo de su madre, no era del todo malo. Yo tendría que haberme aplicado el cuento ese antes de llamar a su puerta. Incluso antes de mirarla entrar en el portal empapada de lluvia... Nos sentamos en el sofá de su comedor, no sin antes quitar un montón de discos de vinilo que, probablemente, María habría estado escuchando. Tenía mi misma manía, todo se pega, demasiados años tocando juntos su madre y yo... no soportaba los CD, jajaja, y creo que volvía loca a Lola intentando encontrar según que disco descatalogado. Era una buena chica.
“Luego dirá que yo se los he rallado... Bueno, venga, cuéntame.”
“No tengo nada que... No sé qué contarte.”
“Todo. La verdad.”
“Me da miedo. Aún no me la he dicho a mi mismo.”
“Pues ya va siendo hora. ¿Cómo la conociste?”
“Hm... recogiendo correo.”
“Mmmm... ya veo, ella tiraba una carta y tu...”
“No. Ella entraba mojada de lluvia y yo... miré. La miré.”
“Es guapa... diferente de... bueno ya sabes, tus gustos son muy dispares, últimamente.”
“Sí, lo es... y muy joven.”
“Eso no te ha importado en otras ocasiones...”
Estábamos sentados uno al lado del otro en el sofá y yo apoyé mi cabeza sobre las piernas de Lola. Ella me acariciaba el pelo. No era la primera vez que me encontraba en una situación parecida a esa. Solo que esas otras veces, el motivo era diferente. Mientras Lola enredaba sus dedos en mi pelo, yo empecé a hablarle de Holly. Le expliqué que cuando ella abrió su puerta esta mañana, me enamoré de sus ojos. Que cuando entré en su casa y la seguí hasta la cocina, miraba sus pequeños pies descalzos caminar en pasitos cortos y deseaba sentirlos enredados con los míos. Que cuando se enfadaba le salían unas arruguitas encantadoras encima de la nariz y cuando sonreía se le hacían unos hoyitos en la comisura de sus labios, en los que me hubiera perdido sin remedio, de tener ocasión. Que me sumergía en un sueño cada vez que la veía subir por la escalera y la seguía, oliendo su perfume. Que me gustaba su pelo casi negro, brillante, que le caía ondulado hasta media espalda. Y era suave, lo sabía, por que esta noche, justo segundos antes de darme cuenta de que ella no sería mía jamás... había tenido entre mis dedos un mechón suyo. Que me gustaba su mano, pequeña, suave, cálida, a juego con su voz dulce como una caricia. Y me callé. Me quedé pensando en ella en silencio, en como sería si la besara. Dios! Como me gustaría besarla. Hasta que creo... me dormí.
Yo había estado muy callado todo el trayecto hasta llegar allí. No sabía como hablarle y estaba muy nervioso. Sé que ella me observaba, en silencio, curiosa. Mis nervios empeoraban cada vez más, nos acercábamos a “La Tierra Negra” y eso suponía volver a ver a Ane... Pero cuando tocara, seguro, todo volvería a recomponerse, a estar en su sitio, su lugar dentro de mi cabeza. Tal vez así sepa como hablarle, como decirle que me siento de una manera especial a su lado.
-“Hola. Llegas tarde y ya van cuatro días seguidos, ya verás la jefa.”
Marc salió a mi encuentro, como de costumbre, ya la había visto. Se lo note, él intentó disimular, pero lo conozco. No me apetece competir por ella. Por ella no. Ella es diferente, espero que se de cuenta. Me giré hacia ella, y le sonreí, como un imbécil. Tal vez lo fuera.
-“Te presento a Holly. Trátala bien. Es mi vecinita. Vuelvo en seguida.”
Espero que eso lo mantenga a ralla. Ahora sabe que es ella y no se pasará... espero. No me gusta nada dejarla ahí, sola con Marc, pero no me queda otro remedio. Me dirigí al despacho de Ane, al final del pasillo, sin apenas ganas. Quería decirle antes de empezar, que el domingo sería la última noche que tocara, y que mañana no contara conmigo. Pero me la encontré detrás de las cortinas, espiando. Debí imaginármelo. Igual que debí imaginar lo que seguiría a continuación. Lola salía ya por la puerta del cuarto donde nos cambiamos, lista para la actuación y “el Gordo”, que estaba acabando de anudarse la corbata y no atinaba, salió detrás de Lola para que ella le ayudara. En pocos segundos, el pasillo quedo lleno de gente y evidentemente, había poca intimidad. A Ane le sentó mal no poder echarme bronca de inmediato. Con su voz más fría me dijo...
-“Acompáñame.”
Y se giró en dirección a su despacho. Cuando pasé por su lado, Lola me cogió del brazo. Pero yo no paré, no tenía tiempo, cuanto antes se acabe todo, mejor. Entré después de Ane y cerré la puerta. Su despacho es frío, igual que ella. Por más que se vista de rojo, nunca podrá alcanzar esa pasión que el color desprende... quizá yo tenga parte de culpa en eso. Se encendió un cigarrillo, aunque sabe que lo odio o por eso, y se sentó en el canto de la mesa, esperando que yo lo hiciera en la silla que quedaba justo delante de ella. Pero en eso, también la decepcioné, me quedé de pie.
-“Tú mismo. Voy a ser breve. Hoy tienes sustituto eventual, pero si mañana vuelves a llegar tarde... será definitivo. ¿Entendido?”
-“Sustituto... no has ido muy rápida en llamarlo?”
-“Soy precavida.”
-“Quiero tocar esta noche, estoy aquí, no?”
-“Sí, pero tarde. Ya te avisé.”
-“Déjame tocar esta noche, solo hoy. Mañana puedes llamar a quien sea y pasado y al otro, de hecho, no voy a volver a tocar aquí después de este fin de semana.”
-“¿Vienes diciéndome que te largas... tarde, como siempre, y pretendes que te deje tocar? JA. Esto no es el patio del cole, que si quieres juegas y si no, no.” – Su voz estaba alterada, se le notaba el cabreo y era de los gordos, supongo que no le sentó bien lo que le dije, pero... - “Y si querías tocar, ¿por qué no has llegado antes? Estabas muy ocupado, tal vez?”
-“Ane, no lo hagas más complicado de lo que es. Solo quiero tocar esta noche, no busques nada más... No ves que te haces daño?”
-“¿A sí? ¿Tú crees? Son imaginaciones mías o hay una chica ahí fuera? ¿Por qué quieres tocar hoy? ¿Por qué ese empeño?... ¿Quieres lucirte, no? Claro, se trae una amiguita y le sopla una canción. Qué bonito. Pues se la tocas en tu casa, pero aquí no. ¿De acuerdo?”
Y dio por finalizada la discusión. Me tragué mi ira, no era plan, conté hasta veinte, no diez, veinte. Me dije que hoy no le iba a dar el gustazo de verme cabreado, hoy no. Ella se fue a dar la murga a Lola y los demás. Seguro que había llamado a Ventura, suele hacerlo de vez en cuando. Lola apareció, pobre, siempre acaba recogiendo los trocitos de todos. Lola es como mi “madre” pequeña, la que siempre me escucha cuando no está Marc.
-“Iba a decírtelo antes de que entraras, pero...”
-“No importa Lola, Ya sé lo que hay. Es problema mío.”
-“¿Quién es? ¿Es ella?”
-“¿Quién?”
-“Vamos, ya sabes de quien te hablo.”
-“Lola... ahora no.”
Salí del despacho y vi como Ane hablaba con Ventura en el cuarto, pero no me paré, seguí caminando. Imaginé que ahora le haría un buen contrato, no lo que acostumbraba a hacerle, solo por horas. Mejor para él. Una vez fuera de aquel pasillo, me dirigí a la barra, Lola me seguía. Ella estaba allí, con una copa de vino, miraba el escenario y Marc la observaba, pero ella no se daba cuenta. Eso me puso de mal humor, más aún. Cuando me vió, su cara se iluminó en una sonrisa, vaya. Llegué a la barra y le pedí a Marc que me pasara el saxo, ya no iba a tocar esa noche, ni ninguna más, en aquel local.
-“Dame a ‘J.C’.”
-“¿No vas a tocar?”- Dijo Marc.
-“Parece que no.”
-“Para tocar hay que llegar antes.”- Dijo Lola.
Noté como ella la miraba, ¿qué pensaría? Todos eran unos extraños para ella, incluido yo. Y si la mira así a ella, ¿cómo mirará a Ane?, ella si que no deja indiferente y no tardaría en aparecer. Y así fue. Llegó dando ordenes, intentando que yo saltara, intentando dejarme mal, como no. Se acercó a la barra y le dijo a Marc en alto para que todos lo oyeran, incluido yo, que no me sirviera más Bourbon. Es odiosa cuando quiere. Y luego se giró hacia ella. Yo me había girado de espaldas a Ane, no quería que ella me viera la cara, no quería darle la satisfacción de verme enfadado. Y rogué a quien fuera, para que no la tomara con Holly.
-“¿Tienes frío? Baja el aire Marc... ¿No deberías estar preparándote? Dile a “Gordo” que el local está lleno, y que puede empezar cuando quiera.”
-“¿No vas a repensártelo?” – Respondió Lola.
-“No tengo que repensarme nada. Vete ya, es tarde.”
Imaginaba a Ane taladrando a Holly con su mirada, Dios!, tenía que sacarla de allí. Pero de pronto, noté su mano en mi espalda. Estupendo, ahora marcaba terreno, por si ella no se había dado cuenta, es muy astuta. Me habló en susurros, muy suave, acariciándome la espalda, como si yo aún fuese suyo. Me sentí incómodo, solo pensaba en ella, en si aún seguiría allí.
-“Si tu quisieras... todo podría volver a ser igual, Ale, mírame, por favor. Sabes que yo haría lo que fuera, lo que fuera... Olvidemos el pasado, todo el pasado. ¿Por qué no te giras? Mírame, no lo ves? no lo notas? Yo aún te amo, no puedo dejar de hacerlo, ¿por qué no lo intentamos de nuevo? ¿Qué te parece?... Podemos irnos de aquí si tú quieres, empecemos en otra ciudad, y si esa nos falla, volveremos a cambiar. Tiene que existir algún lugar para ti y para mi, para los dos... juntos.”
No. Yo no quería irme. Por primera vez en mucho tiempo, ya no lo necesitaba. Todo lo contrario, quería quedarme. Quedarme aquí... con ella. Ya no existía un “juntos” con Ane, no. Nunca más. Me giré, buscándola y allí estaba. Me sentí bien, tan bien... de encontrar sus ojos, su cara... a ella. Le sonreí y ella me devolvió su sonrisa.
-“¿Dónde quieres ir? Te llevo donde quieras...”
Se quedó allí, mirándome, callada. Tal vez todo esto la haya sorprendido, no es muy normal que un desconocido te lleve a un local y nada más llegar, lo echen, jajajaj, eso solo me pasa a mí. O tal vez esté incómoda por Ane, tal vez no sepa como comportarse después de lo que ha visto, no me extrañaría. Ella me miraba sin saber que decir, con la sonrisa en los labios y Ane mudaba de expresión. Volvió a ser fría y dura. Lo siento Ane, lo siento tanto. Pero no te amo. Debería decírselo otra vez, pero volveríaa hacerle más daño y luego... ella insistiría de nuevo en retomar la relación. Siempre era igual, ya estaba cansado.
-“¿Estás bien? ¿Nos vamos? Ya no tengo nada que hacer aquí.”
Me levanté y ella se levantó, salimos del local igual que entramos, en silencio, pero más rápido. Yo tenía prisa por salir de una vez de aquel túnel que parecía no tener un final. Y no quería esperar a la reacción de Ane. Una vez fuera, me sentí cansado. Empezaron a pasar multitud de imágenes por mi cabeza, multitud de recuerdos que... maldita sea, no podrían haber escogido peor momento para aparecer. Me senté en el bordillo y ella me imitó, estaba tan bonita allí sentada... a mi lado. Le sonreí y ella hizo lo mismo. ¿Qué estaría pensando? ¿Qué es lo que pasaría por su cabeza?
-“No me mires así. No soy un tipo raro.” – O quizá sí...
-“No pienso que lo seas.”
Empezó a sonar el piano junto al saxo de Ventura y la voz de Lola se les unió. No quería estar más allí, no podía.
-“Vamos” – Le dije.
Me levanté y le ofrecí mi mano, ella la tomó. Era pequeña y cabía en la mía al completo, quedaba totalmente oculta. Era como un caramelo en su envoltorio. Su tacto era suave y cálido. Así caminamos durante un rato, sin soltarnos el uno del otro, me gustó mucho caminar así, mucho. Era como si toda esa noche, solo hubiera existido para llegar a ese punto, a ese momento. Caminé sin rumbo fijo, no sabía donde ir. Solo pensaba en lo que me estaba pasando, en como explicarle lo que había hecho para estar con ella, el lío en que la había metido, y de lo mucho que me estaba arrepintiendo de eso ahora. Pensaba en lo fácil que hubiera sido acercarme un día a su puerta y preguntarle sencillamente si le gustaba el Jazz, solo eso, y luego, que me acompañara. De pronto ella se paró y se soltó de mí.
-“Si no me dices algo me volveré loca y empezaré a gritar para que el silencio no se apodere de mi sesera y acabe con ella. ¿Sabes? Creo que eres un cretino que me está tomando el pelo. Los vecinos de abajo son absolutamente normales y me has dicho lo de antes para intrigarme y así hacer que yo sienta interés por ti y por acompañarte.”
Tenía razón. Sí, la tenía. Pero yo no podía admitirlo, no delante de ella. Bueno, los vecinos son raros de la ostia, pero eso no era lo importante, lo que realmente importaba, era que ella había dicho la verdad, sin saberla. Yo le había mentido para llamar su atención y eso hizo que me diera cuenta de que era incapaz de enfrentarme a lo que sentía por ella, por que me daba miedo.
-“Pudiera ser.”
Seguí caminado, no podía estarme allí parado delante de ella, me miraba y yo no sabía que decirle, me sentía perdido. Pero ella, esta vez, no me siguió. Mi corazón se hizo añicos. No era mía, No. Nunca lo sería, lo sabía. Yo la miraba y veía como cada vez ella se alejaba más de mí. Me sentí morir, por el miedo a perderla, sin haberla tenido jamás.
-“Te pediré un taxi. No te quedes ahí sola, sigue caminando.”
-“No.”
-“¿No?”
-“No.”
Volví hasta donde estaba ella, su recogido se había medio deshecho, pero aún así, era la chica más bonita del mundo. Le acaricié un rizo que le caía por su frente, apartándoselo de los ojos. Me miraba con ellos de una manera, que me hubiera perdido en ellos de haber tenido valor.
-“Pequeña Holly, no puedes quedarte aquí sola. Soy un cretino, pero no un irresponsable.”
Le hubiera dicho otras cosas, pero ella... no quería que tuviera que pasar lo que Ane. Cogí su mano de nuevo, no podía dejarla allí, así que caminé hasta la parada de taxi. Quería hablar, pero las palabras no me salían y cuando llegamos, al ver el coche, fue como ver el final. El final de un sueño. Allí supe que no podía ser, que mi lastre era demasiado pesado. Pagué al taxista y ella entró en el taxi. Quizá esperaba que yo fuera con ella, pero no podía volver a casa, esa noche no. No quería volver con los fantasmas, y estaba seguro que hoy ella vendría. Para reñirme, seguro, por ser un cobarde.